El vicepresidente del Gobierno de Cantabria, Pablo Zuloaga, ha lamentado el fallecimiento del escritor, "ávido" periodista y traductor cántabro, Jesús Pardo de Santayana (1.927-2020), "uno de los grandes nombres de la literatura española de las últimas décadas", y del que ha destacado "la sinceridad, inteligencia y audacia de su obra".
Zuloaga ha trasladado su pésame a la familia y amigos de Pardo de Santayana y ha asegurado que es una gran pérdida para Cantabria y para la ciudad de Santander, donde vivió desde los 2 hasta los 21 años, y que estuvo presente en su obra, sobre todo, en títulos como 'Ahora es preciso morir'.
El vicepresidente ha elogiado, además, su pensamiento crítico y agudo, y ha destacado su defensa de la memoria sincera y honesta.
"Hoy es un día triste para Cantabria y para las letras españolas, perdemos a uno de los grandes de la cultura, pero siempre nos quedará la lucidez, inteligencia y honestidad de sus obras", ha añadido el vicepresidente.
Curriculum vitae
A los dos años fue a vivir y a criarse junto a dos hermanas con sus tíos Curra y Rafael Díez en el palacete Villa San José de El Sardinero (Santander), en cuya biblioteca se aficionó a la lectura. Su familia era de la hidalguía montañesa y su abuelo fue el armador Leopoldo Pardo de Santayana, un amante de la cultura que frecuentaba la tertulia de Henrici.
A los 21 años, en 1948, y ya provisto de una erudición desordenada, Jesús marchó a Madrid y trabajó fundamentalmente como traductor e intérprete de francés e inglés en los sindicatos verticales de entonces, pero en 1952 se diplomó en la Escuela Oficial de Periodismo , mientras frecuentaba el Café Gijón y Juan Aparicio lo designó corresponsal de Pueblo y Madrid en Londres, donde permaneció veinte años llevando una vida muy agitada y disoluta; allí abandonó su ideología franquista y se volvió demócrata y en 1966 le fue concedida por el Ministerio de Asuntos Exteriores la encomienda de la Orden del Mérito Civil por su labor. Se casó con la inglesa Pauline Knibbs, de la que tuvo dos hijos, aunque el matrimonio fue anulado y se volvió a casar.
Fue después brevemente corresponsal de Madrid en Nueva York, corresponsal volante de Cambio 16 y redactor y delegado en Ginebra y Copenhague de la Agencia EFE, así como fundador y director entre 1975 y 1978 de Historia 16.3.
A partir de 1987 se dedicó a la labor literaria, en la que destacó como memorialista con libros tan corrosivos como Autorretrato sin retoques (1999), Memorias de memoria (1974-1988) (2001) y Borrón y cuenta vieja (2009), donde pone en solfa la mediocridad de la vida cultural de posguerra, que conocía a fondo, haciendo gala de una nada autocomplaciente e insobornable sinceridad. También se consagró a la traducción de más de doscientos libros, (por ejemplo, las Poesías completas de August Strindberg y de Henrik Ibsen, los Cantos pisanos de Ezra Pound y diversas obras de Ted Hughes y su mujer Sylvia Plath, pero también obras de Charles Dickens, Mark Twain, Richard Ford, Sören Kierkegaard, Isak Dinesen, Nadine Gordimer, Pier Paolo Pasolini, Noah Gordon, Joseph Roth, SXaul Bellow, James Michener etc) en los quince idiomas que leía, pero en especial del inglés, italiano, sueco, danés y noruego; también abunda el elemento autobiográfico en cuatro de sus novelas, Ahora es preciso morir, Ramas secas del pasado, Cantidades discretas y Eclipses, bajo el personaje del santanderino Alejandro Malalbear.
Por último, cultivó la novela histórica con una trilogía romana Yo, Trajano, Aureliano y La gran derrota de Diocleciano y escribió biografías y ensayos críticos sobre Walt Whitman, Galileo Galilei y Dante Alighieri.
En sus últimos años padeció una profunda depresión, de la que salió en 2001, y se reconvirtió al catolicismo tras cuarenta años de descreimiento total. En 1994 recibió el Premio Nacional de Traducción de Finlandia. En marzo de 2013 donó a la Biblioteca Nacional de España los documentos que componen su archivo personal.
Foto: Cortesía de Fundación Santander Creativa

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