Raúl Liaño Garallar, responsable del Sindicato BUB en Bridgestone Puente San Miguel, se ha mostrado en contra de firmar el nuevo convenio colectivo en la planta nipona por diversos motivos.
Después de un parón en la negociación por la crisis sanitaria que estamos viviendo, el pasado miércoles 10 de junio la empresa convocó a los sindicatos de la Mesa Negociadora para hacer una única y última propuesta para firmar un “convenio de transición” sólo para este año 2020. Se mantendrían los textos del actual convenio, XXV, que finalizó en 2019 pero que sigue en vigor por ultraactividad, y contemplaría una subida del 0.5% con cláusula de revisión al alza del IPC.
Desde este sindicato denuncian que tras llevar negociando el convenio desde hace 8 meses, la empresa no ha negociado absolutamente nada, limitándose a hablar casi exclusivamente del único objetivo que persigue en esta negociación, cambiar el sistema de valoración de categorías profesionales actual por otro, con lo que, por un lado pretenden aumentar las tareas y responsabilidades de los trabajadores sin ninguna compensación económica por ello, y por otro, reducir drásticamente el salario a las nuevas incorporaciones (prácticamente al salario mínimo) durante el tiempo que la empresa quiera, eliminando la participación sindical actual en el sistema de valoración de categorías profesionales.
"Es el único objetivo que persigue la dirección en la negociación para incluir como cláusula más adelante en el convenio que pretende firmar ahora, sin tener que esperar a la próxima negociación", asegura Garallar".
El sindicalista denuncia que en todo este tiempo la dirección de la empresa ni ha escuchado ni contestado ni una sola de las reivindicaciones planteadas por los sindicatos, y de repente ahora viene con prisas para cerrar un acuerdo donde sigue sin atender a las peticiones de la representación de los trabajadores, ofreciendo una subida que supone una media de 8 euros al mes, y sin querer hablar de temas que no se pueden demorar más, como los compromisos de mantenimiento de los puestos de trabajo, la renovación de contratos, los programas de empleo, las prejubilaciones, los contratos de relevo y cláusulas que garanticen que no haya subcontrataciones.
Desde BUB no pueden mirar a otro lado y olvidar a compañeros nacidos en 1958 y 1959 que podrían prejubilarse, al mismo tiempo que ven salir compañeros que terminan sus contratos temporales y no son renovados. "Mucho nos tememos que lo que busca la empresa negándose a jubilar a estas personas es tener un colectivo lo más numeroso posible para utilizarlos como moneda de cambio en la próxima negociación", denuncia Garallar.
El sindicalista asegura que ni tan siquiera han atendido peticiones que no tienen ningún coste económico, como el teletrabajo y la jornada intensiva para mejorar la conciliación de la vida laboral y familiar, que durante esta crisis del Coronavirus se ha demostrado no sólo que son viables, sino que incluso son medidas que aumentan la eficiencia.

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